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Impresoras 3D: de consumidores a productores

Este artículo resume la conferencia de Alejandro Piscitelli en el TEDxBuenosAires de Julio de 2015 sobre el impacto social de la impresión 3D.

La tecnología no son aparatos, son conversaciones donde inventamos nuevas prácticas para mejorar la vida humana.

Gracias a la tecnología podemos hacer un Rorschach, un test proyectivo, ya que en la tecnología ponemos nuestras esperanzas y nuestras espectativas; lo mejor y lo peor.

Estamos viviendo el paso de una primera era industrial, de máquinas, a la segunda. De hecho la primera impresión 3D de un objeto lo hizo Charles “Chuck” Hull en 1983 aunque nos parezca que se hizo ayer. Esto tiene consecuencias socio-culturales, tal como supieron ver Neil Gershenfeld y Chris Anderson.

¿Qué tiene de interesante el mundo de la impresión 3D? Tienen la particularidad de unir, “coser”, el mundo virtual con el mundo real y están reinventando el paradigma de la producción de objetos. Las primeras impresoras 3D costaban medio millón de dólares, pero personajes como Bre Pettis han fabricado modelos por $1000 y hoy se puede uno construir una impresora 3D por $400. Las impresoras 3D no solo fabrican todo tipos de objetos sino que incluso hay impresoras 3D que fabrican impresoras 3D iguales a sí mismas, haciendo así realidad (en parte) el sueño de Von Neumann de la existencia de autómatas auto-reproductores (Máquina sutorreplicante).

El avance de la tecnología ha hecho que ya no solo podamos imprimir objetos en plásticos sino también en metales fuertes, como hace la industria aeronaútica, que está empezando a construir fuselajes sin remaches, de una sola pieza, y también motores.

La base conceptual de las impresoras 3D es distinta a la que empleamos en la fabricación de objetos en el mundo tradicional. El modo tradicional es construir por bloques y luego por extrusión (molde, inyección y apertura). En las impresoras 3D no se hace extrusión sino adición1). Como las impresoras 3D trabajan por capas pueden hacer objetos con formas imposibles de armar (ya que vienen armadas desde dentro), incluso comida y también podrán imprimir órganos, huesos y piel humana, lo que hace prever cambios radicales en biomedicina. Otras impresoras trabajan en escalas grandes y son capaces de fabricar casas enteras y coches.

Amazon ya vende los modelos que usan las impresoras 3D para que uno pueda bajárselos e imprimir esos objetos con la impresora 3D de su casa en vez de comprar el objeto. Tal es el caso de comida que uno puede imprimir (food prints). Por supuesto, también es posible imprimir armas de fuego en casa descargándose el template, en plástico y, por tanto, indetectables por los detectores de metales. También es posible imprimir una ecografía 3D de forma de una madre embarazada ciega pueda tocar a su hijo y así “verlo”.

¿Implica esto un futuro mejor y la solución a problemas sociales? No necesariamente, porque las condiciones de producción de la tecnología no tienen que ver con la forma de distribución de los bienes socioeconómicos. Solo desde la ingenuidad se puede pensar que la tecnología por sí misma mejorará la sociedad. Este escepticismo es el que predica Kentaro Toyama en su libro Geek Heresy.

La mejor impresora no es aquella que es capaz de imprimir soluciones a nuestros problemas sino aquella que es capaz de imprimir preguntas, mundos alternativos que cuestionen el actual. Es el uso del diseño-ficción para especular cómo debeían de ser las cosas, tal como se plantea en el libro Speculative Everything de Anthony Dunne y Fiona Raby. Un ejemplo que se muestra en el libro es un restaurante en el que todo funciona con energís solar y cuando no hay sol no se abre el restaurante.

1) se va añadiendo el material a imprimir por capas (también se llaman “de inyección de polímeros”
cts/tecnosociedad/impresoras_3d_de_consumidores_a_productores.txt · Última modificación: 2015/08/21 10:41 por jherrero